El sistema administra la energía disponible en el edificio y la reparte en tiempo real entre todos los vehículos que estén cargando. La pregunta no es cuántos autos entran: es cómo hacemos para que todos puedan cargar.
Cada vez más propietarios compran vehículos eléctricos o híbridos enchufables. El primero que llegue va a querer cargarlo en su cochera, y la forma en que se resuelva ese primer caso condiciona al edificio entero. Hay dos caminos, y no son equivalentes.
Un servidor instalado en el edificio lee el consumo real contra un medidor analizador de red y le asigna a los vehículos únicamente la potencia que sobra. Esto es lo que hace, en palabras simples.
Lee el consumo del edificio en tiempo real y reserva siempre lo que necesitan ascensores, bombas y servicios generales. Los autos reciben lo que queda disponible, no un valor fijo.
Cuantos menos autos estén cargando, más rápido carga cada uno. De madrugada, con más energía disponible, cada vehículo aprovecha toda la capacidad del edificio.
Se pueden instalar más cargadores que los que pueden cargar a la vez. El sistema los va habilitando a medida que otros terminan, así que nadie se queda sin cochera con cargador.
La Administración recibe el reporte mensual y lo imputa directamente en expensas. Sin instalar medidores adicionales: el dato lo entrega el propio cargador.
No hay dos edificios iguales: cambian la instalación eléctrica, la distancia hasta las cocheras, la cantidad de niveles y el estado de los tableros. El proyecto se dimensiona sobre lo que hay, no sobre un catálogo.
Auditamos la instalación existente y estudiamos cómo consume energía el edificio a lo largo del día y del año: cuándo llega a sus picos, cómo se comporta en verano y en invierno, y cuánta capacidad le queda libre en las horas en que los vehículos van a cargar. De ahí sale, con números, la capacidad real del edificio. Cierra con un dictamen y presupuesto.
Ejecución de la red troncal desde los tableros comunes hasta las cocheras, e instalación del sistema que administra la potencia y mide el consumo de cada usuario. Cada propietario se conecta cuando compra su vehículo.
Porque el primer cargador define la instalación de todos. Si se resuelve mal, el edificio queda con una instalación informal que después hay que deshacer. Anticiparse permite tomar la decisión con números en lugar de suposiciones, y cuesta bastante menos que rehacer canalizaciones ya ejecutadas.
No es lo recomendado. La derivación tendría que salir del medidor de su departamento, cuya potencia contratada incluye todo el consumo del hogar, y atravesar montantes y espacios comunes que no fueron calculados para una carga continua de muchas horas. Además, toda instalación que ocupe espacios comunes necesita la aprobación del consorcio en asamblea: cada propietario que quiera sumarse implica convocar una nueva. Y ante un siniestro, la responsabilidad recae sobre el consorcio y sobre la Administración que lo autorizó. Resolverlo una sola vez, de forma común y planificada, le ahorra al edificio todo ese recorrido.
La energía la paga íntegramente quien carga: el sistema mide el consumo de cada cochera y se imputa a esa unidad. La obra troncal es una inversión común que la asamblea aprueba como cualquier mejora del edificio, y que valoriza a todas las cocheras, las usen hoy o más adelante.
El informe lo dice con números y plantea el camino: ampliar la potencia contratada dentro de la misma categoría tarifaria, o tramitar un suministro dedicado. En la mayoría de los casos el edificio admite una primera etapa sin obra mayor, justamente porque el sistema aprovecha la capacidad que hoy queda ociosa.
Sí. El planteo es el mismo en cualquier instalación donde la potencia disponible sea el límite: se mide, se reparte y se imputa. Lo que cambia son las prioridades y los horarios de carga, que se configuran según el uso del edificio.
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